Skip to content

Héroes

Alandra es descendiente de un antiguo linaje de paladines, eruditos y místicos. De niña, escuchaba atentamente las asombrosas historias y hazañas de caballeros, y desde muy temprana esa siempre fue su meta: alcanzar un gran dominio de la espada y una férrea voluntad. Se convirtió en una joven impulsiva e impaciente que recurría a la espada en lugar de a la paciencia para solucionar los problemas.

A medida que crecía, mayores eran su coraje y su fuerza en la batalla. Sin embargo, se granjeó un gran respeto debido a sus conocimientos curativos. Sus preparaciones con hierbas pueden curar la peor de las heridas, logró un dominio tal que era capaz de sanar incluso una pierna rota. Bajo presión es capaz de hacer lo que sea necesario sin mostrar una pizca de duda.

Por todo esto, Alandra está considerada en muy alta estima entre los colonos. Sin embargo, su aprecio por ella no es comparable al que tienen por Marcus. Puede que sea por el hecho de que a menudo es tan directa que peca de arrogancia y sabelotodismo.

Cuando le aplica a alguien su remedio, tiende a darle un sermón sobre cómo cuidarse mejor. En el fondo cree que su título de caballero le da cierta posición sobre los granjeros y obreros, y no le gusta que no cumplan sus órdenes de inmediato.

Sin embargo, la soledad de cargar con grandes responsabilidades es lo que hace que Alandra dé esa imagen.

Alandra se entrega en cuerpo y alma a sus objetivos en la vida y quiere convertirse en un gran ejemplo para todos. Siente por Marcus un gran respeto, pero siente que, mientras no deje de cerrarse en sí mismo, no se convertirá en un gran caballero (por otro lado, Marcus se siente intimidado por Alandra, al igual que muchos otros colonos).

Se esfuerza sin descanso para defender los derechos y el honor y está convencida de que todos los problemas del mundo derivan del hecho de que no todo el mundo hace lo mismo. Ha dedicado su vida por completo al camino que los dioses escogieron para ella y para la prosperidad del imperio.

Elias se considera un ciudadano mundial que ha llegado hasta donde alcanza la tierra, desde Vestholm en el oeste, hasta las torres rojas de Rossotores al este. Durante sus largos viajes consiguió siete fortunas y perdió las siete (puede que incluso más, pero no es un tema que le guste tratar). Es un estratega astuto con afición por los negocios y ha puesto en juego todo lo que tiene por lograr ese objetivo. La mayoría de las veces su negocio es sinónimo de éxito, pero cuando no lo es, sencillamente se encoge de hombros con indiferencia y empieza a planear cómo lograr una fortuna de nuevo.

Elias destaca por su honestidad y por ser un duro compañero de negocios. A primera vista podría parecer que solo le interesan sus ganancias, pero es consciente de que hay cosas en la vida que no se pueden conseguir solo con dinero. Si le vende pan a un pueblo a bajo coste, la gratitud de los habitantes también es una buena moneda de cambio. De forma oficial insiste en que la razón de su comportamiento es puramente práctica, ya que, si los colonos se muriesen de hambre, no podría venderles nada. Pero sus acciones demuestran que tiene un gran corazón y que ayuda a la gente que lo necesita. Nunca lo admitirá, pero aquellos con los que trabaja le conocen bien.

Sin embargo, la diosa de Elias jamás le ha nublado la vista en lo que a lo primordial se refiere. A pesar de estar orgulloso de su sinceridad, no se siente culpable por engañar a aquellos que tacha de deshonestos: estafadores, impostores, ladrones y buitres que solo buscan dinero. Si tiene la oportunidad de dejarles sin un duro, es capaz hasta de aceptar una derrota. Y, si es necesario con tal de delatar a esa gente, acepta tomar caminos poco ortodoxos. Justifica su flexibilidad moral mediante la «adaptación a las condiciones del mercado». Pero es muy consciente de que su ingeniosa manera de repartir dinero no es del agrado de todos, como por ejemplo, en el caso de Lady Alandra.

Hakim Abd-Al Sar viene de Janub, un enorme continente que antaño formó parte de un vasto imperio, pero que ahora no es más que un enorme desierto. Su gente y él han aprendido a sobrevivir en esta tierra hostil, Hakim lo atribuye a su capacidad de pensar primero y actuar después. Nunca actúan sin pensar.

Muchos creen que Hakim es inaccesible y que tras su elegante máscara lo único que esconde son sus sentimientos. Puede que sea cierto, ya que el alma de un guerrero habita en su cuerpo, pero si puede solucionar un problema haciendo uso de su cerebro, lo hará. Sus habilidades de negociación son tan buenas que es capaz de convencer al mayor de sus oponentes para que se una a su causa. Con calma y prudencia, Hakim siempre valora todas las opciones en pos de lograr el mejor acuerdo posible.

Pero esta filosofía no siempre le ha sido fructífera. Cuando el enemigo estableció contacto en primer lugar con los dignatarios de las provincias del sur, Hakim consideró al gobernante como un peligro potencial para la independencia de todos. Al mismo tiempo, subestimó su poder y vileza. El maestro de Hakim fue asesinado en una revuelta en el palacio, tras la cual a Hakim no le quedó nada más que salvar que su propia vida. Desde entonces, ha pasado mucho tiempo enmendando sus errores y forjando nuevas alianzas contra la opresión del enemigo, aprendiendo del pasado.

No todos pueden disfrutar de una infancia tranquila y pacífica. Para Kestral, por ejemplo, la vida consistía en huir. Su padre era un autoproclamado rey de los ladrones que no dudaba en luchar con cualquiera, aunque no fuera necesaria. Su fiereza le llevó a ser atrapado y ejecutado como cualquier otro ladrón. Su hija mayor aprendió que el regalo más importante en la vida era elegir bien a tus enemigos y tus batallas. Su padre desenvainaba la espada ante cualquiera, pero Kestrel era todo lo contrario. Solo luchaba cuando no había otra solución y tenía posibilidades de ganar. Pero, si había otra forma más elegante de solucionar el problema, elegía esa ruta.

Su flexibilidad moral le hizo ganarse un gran respeto y responsabilidad. Para los señores de su país, servía como mercenaria, haciendo las veces de caballero y de bandida. Kestrel siempre seguía el camino del dinero y su conciencia era mucho más laxa que la de Elias. Aparentemente sigue una máxima: «Roba lo suficiente como para poder ser generosa». Pero la realidad es que también se preocupaba por los colonos. Cualquiera que haya luchado con ella dará fe de su generosidad, que puede mostrar cuando uno menos lo espera. Y aquellos que se ganaron su enemistad se preguntan cómo puede desaparecer tan rápido y dónde han ido a parar sus pertenencias.

Kestral reconoce la fuera, pero en el fondo de su corazón busca el equilibrio y la estabilidad. Piensa que el mundo es como una jungla llena de bestias donde hay más oscuridad que luz. Tienes que ser fuerte y depender solo de ti si quieres sobrevivir. Incluso cuando se ríe, hace bromas y parece amistosa, adulando el ego de otros caballeros, permanece alerta y lista para el día en el que algo salga mal y tenga que volver a tomar su propio camino.

Marcus viene de Vestholm y es el primogénito de un matrimonio trabajador. De niño, trabajaba con su padre como leñador y aprendió a usar el hacha y la espada. Demostró su valentía siendo un adolescente, cuando ayudó a repeler el ataque de una manada de lobos. Su extraordinario talento no pasó desapercibido para el entonces señor de Vestholm. Este hombre de alta cuna convirtió a Marcus en su vasallo y, cuando renunció a su puesto debido a la edad y las heridas de numerosas batallas, ofreció a Marcus ser el oficial protector de los habitantes de Vestholm y sirviente de la corona.

Marcus es un hombre del pueblo y los colonos rezan por su buena salud. Nada es más importante para él que proteger a quienes están bajo su mando. Al provenir de Vestholm, está muy familiarizado con las costumbres de su país. Aventaja a otros caballeros. Está convencido de que actuar libre de toda duda e indecisión es casi siempre sinónimo de éxito, y de que cualquier peligro debe tratarse de inmediato. No podrás estrechar lazos con el joven mediante la sutileza, ni en el campo de batalla ni en la corte. Y reacciona de forma un tanto desconcertante a las ambigüedades.

Nunca se ha sentido cómodo con los trucos ingeniosos o con la galantería cortés que se esperan de él. Como hombre de acción, ese no es su mundo. Servirá a la corona de forma leal e incondicional, pero nunca olvidará las necesidades de los colonos. Mientras su rey tampoco lo haga, será el caballero más leal que se pueda imaginar.

Thordal es de Narlind. Este archipiélago de las islas heladas del norte es también el hogar de los temidos vikingos, quienes a menudo invadían las costas de Vestholm y otras provincias. Thordal es consciente de los actos bélicos de sus hermanos, pero no pedirá perdón por ellos. En su lugar, prefiere narrar su temeridad mediante canciones épicas. Esto se debe a que, en su juventud, Thordal también era muy impulsivo y asaltaba costas, siempre buscando presas fáciles e hidromiel. Los suyos le conocen como bardo y cuentacuentos, razón por la que siempre encuentra un lugar en el que resguardarse del frío en el norte. También goza del favor de la Gran Madre, quien lidera las comunidades.

Thordal goza de una gran reputación entre los suyos, a diferencia de los colonos del sur, quienes alzan las armas contra cualquier vikingo. Esto se debe al carisma de Thordal: grosero, pero cálido y directo. Domina música de todos los estilos y disfruta visitando todas las tabernas del lugar para aprender las canciones de los músicos locales, o para cantar las suyas. La armonía de su canto le convierte en un invitado bienvenido allá donde los vaya.

Thordal cree que los asaltos de los vikingos forman parte de la peligrosa vida en Narlind, por lo que perdona a sus hermanos por lo que hacen. A pesar de su serena apariencia, es consciente de que en la vida a menudo hay que tomar duras decisiones, algo que no le asusta. Pero, mientras haya hidromiel y una mujer guapa cerca, disfruta de cada día y brinda junto a quien le invite a una jarra.